Para millones de personas, Taiwán siempre fue solo una palabra que aparecía en el itinerario como escala aérea. Pero eso está cambiando. El país lanzó una ambiciosa estrategia para lograr que los viajeros dejen de verlo como un lugar de paso y empiecen a elegirlo como destino principal.
La propuesta es tan simple como inteligente: aprovechar las horas muertas entre vuelos para ofrecer experiencias culturales reales. Tours urbanos por Taipéi, visitas a templos históricos, recorridos gastronómicos por mercados nocturnos y excursiones rápidas a paisajes naturales son parte de los programas que se están ofreciendo a quienes aterrizan por pocas horas.
Lo interesante es que muchos viajeros que llegaron con la idea de quedarse solo un día terminaron extendiendo su estadía. Taiwán combina modernidad tecnológica con tradiciones milenarias, rascacielos futuristas con ceremonias ancestrales, cafeterías de diseño con puestos callejeros que sirven algunos de los platos más valorados de Asia.
El resultado es un país que sorprende incluso a quienes creían haberlo visto todo. Las autoridades turísticas ya hablan de un cambio de percepción global: Taiwán deja de ser escala para convertirse en experiencia.
Y para muchos viajeros, ese descubrimiento llega casi por accidente.


