Mientras el fútbol, el básquet o el tenis dominan el escenario global, existen deportes tradicionales que sobreviven en distintas culturas desde hace siglos y que siguen practicándose con pasión local.
Uno de los casos más fascinantes es el Buzkashi, un deporte tradicional de Afganistán y Asia Central. Se juega a caballo y el objetivo no es una pelota, sino una carcasa de cabra. Los jugadores compiten por tomarla, protegerla y llevarla a una zona determinada del campo. No hay equipos definidos, no hay límites claros y el contacto es brutal.
A pesar de su crudeza, el Buzkashi es considerado un honor cultural. Los jugadores son respetados como guerreros modernos y los eventos reúnen multitudes. Para esas comunidades, no es un juego extraño: es identidad, tradición y orgullo.
Este tipo de deportes recuerdan que la competencia física nació mucho antes de los estadios modernos y las transmisiones televisivas. El deporte no es solo espectáculo global: también es herencia cultural viva.


