Durante años fue un país fuera del radar turístico masivo. Hoy, Omán empieza a ocupar un lugar privilegiado entre los destinos más deseados del mundo. El Sultanato fue distinguido recientemente como uno de los destinos emergentes más prometedores de 2026, y el reconocimiento no es casualidad.
Ubicado en la península arábiga, Omán ofrece una combinación poco habitual: desiertos infinitos, playas vírgenes, montañas imponentes y una cultura ancestral que se mantiene viva sin caer en la espectacularización artificial. A diferencia de otros países de la región, el turismo aquí se desarrolla con un fuerte foco en la autenticidad y el respeto por las tradiciones locales.
Entre sus principales atractivos se encuentran el desierto de Wahiba Sands, donde los visitantes pueden dormir en campamentos bajo un cielo completamente estrellado; las montañas de Jebel Akhdar, con terrazas verdes y climas frescos en pleno Medio Oriente; y los wadis, oasis naturales de agua turquesa que parecen sacados de una película.
Las autoridades turísticas del país impulsaron en los últimos años una estrategia clara: atraer viajeros que buscan experiencias reales, naturaleza y cultura, en lugar de turismo masivo. Esa apuesta hoy empieza a dar resultados. Las búsquedas de vuelos hacia Omán crecieron de forma sostenida y cada vez más viajeros lo mencionan como “el próximo gran destino” después de lugares como Bali o Marruecos.
La pregunta que empieza a circular entre quienes viajan seguido es simple: ¿será este el último gran destino auténtico antes de que llegue el turismo masivo?


